Golliat

Este Golliat que duerme es una mujer

De pechos pequeños y duros
y pezones como las espirales
que crece en la corteza de algunos árboles
como los de Anna Rossetti
a los que me aferro
como a clavos ardiendo.

De espalda grande y fornida
como el jodido mapa físico de Rusia
plagado de minas rojas y marrones
de donde los mineros soviéticos
podrían sacar diamantes tan maravillosos
que harían resucitar a todos los avaros zares fusilados.

De piel tersa y tensa
la cuerda por la que camina
el equilibrista borracho que vive en mis manos
quiero frotarla con la yema de mis dedos
hasta hacer fuego, fuego fatuo
que me de señales vitales.

De piernas largas
que no puedo abarcar
con un solo golpe de vista
voy a dejarme los vértices de los ojos
en intentarlo.

De dedos largos
como raíces
perdidas y milenarias
monturas en las que cabalgar
los más salvajes caballos.

No me atrevería a tirarle piedras con mi honda
aunque se jugase la historia de todo mi pueblo.

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