Amazona

Hasta Safo se tiró al agua por un marinero
pienso mientras descubro en tus ojos las piernas largas y cálidas de Viridiana la Beata.
Me miras creyendo que fue tu voluntad
la que te arrastro en una barca de madera
hasta las orillas del mar Negro
y me aprieto los labios para no confesarte que fue la mía.
El mismo capricho de cada año
el hombre más apuesto de la tribu vecina.

Me pesará sobre los hombros la culpa
pero no vas a evitar que te clave mis flechas
y me bañe con tu sangre
hasta que olvide
el sabor del único pecho materno
que me enseñó a reclamar venganza.

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